Apendicitis en Alemania

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Miércoles 10 de agosto al mediodía: compartimos un café frío esperando la silla para compu que compramos por un grupo de Facebook, la silla nunca llegó pero tuvimos 30 minutos para charlar de nuestro presente, nuestras expectativas de la experiencia y nuestro deseo viajero. F me hablaba de su hambre de crecer en su campo IT pero de su necesidad de balancear eso con una libertad que le permita trabajar en donde sea. 

Meditamos sobre la importancia de no quedarse con las ganas, con su deseo de surfear y de buscar opciones para que deje de ser una duda y sea un plan. Me vuelve a preguntar por la historia de mi mamá (algunas enfermedades que la hicieron más fuerte) y le concluyo diciéndole: “Esta es la razón por la que en AyQ insisto tanto en cuestionarnos la vida, soñar en grande, buscar lo que nos mueva el alma, a veces me voy de mambo pero la verdad es esa, quiero dejar un mensaje de que no hay que esperar a que algo nos deje en jaque para actuar e ir por lo que queremos, quiero que todos podamos sentir que la vida es una sin que nos pase algo malo”.

Miércoles 10 de agosto a la madrugada: partimos al hospital porque un dolor de abdomen de F que no lo dejaba en paz, habíamos googleado y comparado síntomas, contado las horas del dolor y con un diagnóstico casi seguro: 8 horas -literal- esperando un hospital con cama libre para que lo puedan operar de apendicitis.

Todo fluyó bien con la asistencia al viajero, el inglés de los profesionales, la predisposición de los que no entendían para usar el traductor con alemán, los amigos de acá pendientes para moverse cuando sea y la familia unida a la distancia para escuchar novedades.

Pero cuando se cumplieron las 5 horas desde la última foto que me envió F entrando al quirófano y todavía no recibía novedades, viví una media hora delicada y de pensamientos cuestionables. Primera operación, primera anestesia, solo en un cuarto de hospital (no olvidemos que estoy con Covid y no puedo entrar porque te testean) y encima no dejaba de pensar en lo que estaba sufriendo la madre… pobrecita, 5 horas sin novedades!!

Me bañe dispuesta a que el tiempo pase más rápido, le pedí a una amiga que me entretuviera y esperé a la ayuda del genio que nos alquila la habitación que con su alemán me confirmó que ya estaba despierto y que ahora le daban el celular así se podía comunicar con nosotros!

No quiero caer con mensajes de tono imperativo de: sacá ese pasaje, cortate el pelo, cambiá de carrera que siempre tengo, porque últimamente me está resonando rari, tanta imposición de todos lados (“usa protector solar”, “tomá agua”, “hace 4 reels por día”, “levantate temprano”, etc). Porque la vida es un montón para encima vivir bajo mandatos 24/7. Pero igual quiero decir, que tenemos dos segundos, que no esperemos mensajes que nos sacudan sino que hagamos tantas cosas que nos den placer para que cuando tengamos los momentos inevitablemente duros, no empecemos a arrepentirnos de lo que faltó o lo que quisimos y no pudimos, que sean con más  gratitud de todo lo que sí.

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